Qué es Mixtepec para mí

 


Por Verónica Aguilar

Yo no nací en Mixtepec, sino en Abasolo. A diferencia de otros abasoleños, tardé varios años en venir de visita. Mi familia no salió de Mixtepec, sino de Nuxaá, en la Mixteca alta. Y sin embargo, desde la primera vez que fui recibida por su gente como una paisana más, me saltó a la vista lo singular de la identidad mixtepecana y de sus lazos con Abasolo, que van más allá de una relación entre comunidad y migrantes.

San Juan Mixtepec (Oaxaca) es uno de los orígenes de Abasolo del Valle (Veracruz), el cual además se formó (en los años 50) con familias de Santo Domingo Nuxaá (Oaxaca) y de otros lugares. Cómo convergieron en esa tierra roja gentes de tan diversos orígenes es algo que espero comprender mejor gracias a un proyecto que me traigo entre manos; por ahora solo puedo adelantarles una brevísima reseña que compartí hace un tiempo.

En Abasolo, los grupos de Mixtepec y de Nuxaá se distinguen con claridad: unos son católicos, los otros protestantes; unos han mantenido la lengua, los otros casi la han perdido; unos mantienen contacto constante con su origen, los otros se llaman y visitan mucho menos. En mi caso, yo misma tuve que buscar el contacto con mi familia lejana en Nuxaá.

Por eso, desde la primera visita a Mixte, quedé impresionada por la fortaleza de sus lazos comunitarios tanto en el territorio Ñuu Savi como con quienes viven fuera de él. Más tarde descubriría que esa relación tan especial no la tiene solo con Abasolo sino con todos sus migrantes en México y Estados Unidos, y que además no soy la única impresionada por ello.

En Mixte basta decir "Soy de Abasolo" para que la señora abra su casa al visitante e inicie una indagación sobre las familias, los lugares, las fechas... Le sirve su comida más especial mientras le cuenta de lo bien que fue tratada allá; de las piñas, la miel y el queso que se trajo; del calor y los zancudos; del señor tal que ya murió, pero que era su tío. No es inusual que, en esa indagación, señora y visitante resulten familiares lejanos.

En cada extremo de esos 500 kilómetros que (aparentemente) nos separan, vive gente que nació en el otro o que por lo menos lo ha visitado una vez o que tiene un familiar que se fue hace tiempo o que se casó y se fue (o vino) o que va y viene según sople el viento. No exagero. Tres ejemplos ejemplares: la señora que vende queso de Abasolo en Mixtepec viaja una vez al mes de un extremo a otro; una señora mayor me acaba de contar que nació en Abasolo y vino a vivir acá siendo niña; otro amigo nacido en Abasolo vive (con su familia completa) por temporadas en un lado u otro según haya trabajo. A pesar de que yo he insistido en ubicar una "fecha de fundación" y en identificar a unos "primeros fundadores", lo cierto es que el intercambio entre ambos extremos ha continuado durante todas estas décadas.

Recibimiento de los visitantes en Mixtepec (2019).

Por si fuera poco, el contacto constante con Mixtepec no es solo familiar sino también oficial: las autoridades comunitarias se visitan unas tres o cuatro veces al año. Lo común es que las autoridades de Abasolo lleguen en febrero al carnaval de Mixtepec para hacer la invitación formal a su fiesta de marzo (San José). Entonces, las autoridades de Mixte van en marzo, pero además, en algún momento antes de junio, irán para hacer la invitación de su propia fiesta (San Juan). Por lo tanto, los de Abasolo vendrán también a esta. En total, son dos fiestas más las invitaciones correspondientes (porque si algo no podemos saltarnos en una comunidad son estos protocolos).

Una comunidad así, que está en ambos lados a la vez, es uno de esos casos especiales que cuestiona la definición de territorio comunitario. Porque cada vez que Mixte y Abasolo se juntan en alguna de las dos fiestas, las autoridades en sus discursos nos recuerdan quiénes somos y por qué nos reunimos; todos, tíos y primos, las mismas familias, un mismo pueblo: "nikitsá vaꞌa kue ni, nuestros padres vinieron de allá, sus abuelos fueron acá, nosotros venimos allá".

***

Esto es más o menos lo que Mixtepec representa para mí: el otro pedazo de mi pueblo, mi otro hogar, a 500 kilómetros de distancia.


Verónica Aguilar Lingüista en formación y traductora nacida en Abasolo del Valle, Veracruz. Trabaja en el área de derechos de los pueblos indígenas, mientras reaprende la lengua de su familia, el mixteco, y desarrolla un proyecto de documentación lingüística en su comunidad, con financiamiento del Endangered Language Fund.

 

Fuente: ko-fi.com/onica/


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