Lupita Jones, de Trump para San Quintín

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Groucho Marx

 


Está claro que para la Coalición antiMORENA en Baja California todo se reduce en buscar una salida, por más extraña que ésta parezca y aunque para ello se deba recurrir a una estrategia que poco a poco está tomando importancia en el mundo: agarrar a algún personaje del medio televisivo o deportivo —como si de alguna representación pictórica se tratara— y ponerlo de candidato. Y como resultado, la presentación de Lupita Jones como candidata a Gobernadora del estado.

            Me imagino a alguien allá dentro —o en alguna reunión y en lo oscurito, como ellos mismos lo llaman— diciendo: “Ella es reina de belleza y ellos son tontos, votarán por ella”, y todos aceptaron pensando cada uno en lo provechoso que sería tener a una persona que no sabe nada de política en un puesto totalmente político. Así, pensando que nos encantan las telenovelas y las chicas de Trump, presentan a Lupita como su recurso más infalible. Y no digo que no va a ganar, el problema es que puede que lo haga. Los californianos ya tuvieron a su Arnold Schwarzenegger, los morelenses ya tienen a su Cuauhtémoc Blanco, los de la CDMX han tenido a su Carmen Salinas, los queretanos pudieron o podrían haber tenido a su Quico, así que no sería tan raro que nosotros tuviéramos a nuestra Lupita Jones.

            Lo malo es que Lupita no es de este Baja California. Es cierto que ella nació en Mexicali, pero de otro Baja California. Ella es de un Baja California donde todo es televisión, belleza, viajes y vida glamurosa. No de este Baja California donde hay cientos de miles de familias viviendo en extrema pobreza, donde los hombres, las mujeres y los niños se levantan desde las cuatro de la mañana —si es que logran conciliar el sueño— para realizar múltiples actividades con el único fin de poder ofrecer a su familia la esperanza de otro día para sobrevivir. Desde que sé de ella no he oído nunca que opine sobre las problemáticas del estado, mucho menos que haya emprendido alguna acción en favor de los más necesitados. O, ¿alguien vio, leyó algo de ella opinando, por lo menos, sobre los trabajadores de las maquiladoras y fábricas de Tijuana?, ¿sobre la lucha que mantuvo Mexicali —el Mexicali de nosotros— contra la cervecera Cosntellation Brands el año pasado?, ¿sobre la huelga jornalera que estalló en San Quintín hace seis años? Ni siquiera creo que haya leído algo la señora bella sobre todo eso.

            Ante el mal gobierno de Bonilla, consideré votar por otro candidato o candidata, pero que realmente ofreciera algo, que propusiera cambiar las políticas públicas de este estado, que considerara a los grupos más vulnerables, que tuviera mínima intención de cuidar a los nuestros, a nuestras familias. Pero otra vez no sucederá. En el PAN hay mujeres militantes con mucha preparación, en el PRI —aunque robó más—también debe haber mujeres muy capaces de hacer la diferencia, y en el PRD —partido de izquierda más derechista que hay en el mundo— también debe haber mujeres militantes con presencia social, o por lo menos con una carrera política, que bien pudieron haber tenido la oportunidad de dar voz a todas las mujeres de Baja California. Pero en la política sucede lo que en la literatura: sólo podemos hablar de cómo pudieron ser las cosas o cómo debieron ser las cosas.

            Yo hablo mucho de San Quintín, pienso mucho en San Quintín, siempre. Porque llevo dieciséis años viviendo aquí, porque aquí crecieron mis hijos y porque miles de paisanos, vecinos y familiares llegan a San Quintín cada año, cada temporada. Y cada uno de nosotros aportamos nuestra fuerza para que Baja California siga creciendo, pero también esperamos que crezca para nuestros hijos y nietos. Muchos dicen que nosotros no somos de aquí y que ni siquiera debemos opinar, mucho menos participar en la política o lo que tenga que ver con ello. Yo opino lo contrario, nosotros somos tan de aquí como en cualquier lugar donde aportemos toda nuestra fuerza, nuestra mano de obra para levantar la economía, somos del sitio, de la tierra, al que nos aferramos día a día con el fin de darle raíces a nuestros hijos. Si bien es cierto que nosotros nacimos donde nos dio la chingada gana, dijera la gran Chavela Vargas, pero también es cierto que desde que llegamos a San Quintín, hemos entregado todo para poder tener algo, aunque no sea de la misma manera. Y en estos temas, aspiramos, deseamos que la política sea más seria y los que la dirigen, más humanos.

Hace unos días anunciaron que Lupita Jones vendría a San Quintín a esparcir un poco de su belleza trumptiana sobre nosotros los mortales, los olvidados, los abandonados, los necesitados, los de ningún lugar, los que estamos fuera de las estadísticas, los que a pura fuerza peleamos contra la pandemia cada día, los que todos los días cuidamos la planta de pepino, la de tomate, la de fresas, la de arándano, las de zarzamora, las plantas de Baja California; los que estamos aquí pero no aparecemos en ningún lado.

            Lupita Jones va a venir a San Quintín, donde ni siquiera de turista vino alguna vez. No hay que olvidar que también Jenny Rivera vino aquí un día, pero fue porque le pagaron.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ëëts, atom. Algunos apuntes sobre la identidad indígena

Tres poemas de Celerina Sánchez

La literatura de los Binnizá. Zapotecas del Istmo