La palabra en el desierto de Karla Mora
Hace un año que Karla Mora me mandó su libro La palabra en el desierto, en el que se reúnen 18 poetas que nacieron entre 1973 a 1986 en la calurosa ciudad de Mexicali.
Esta antología no es sólo una muestra sino también un panorama literario, una visión poética de Mexicali. Es un conjunto de voces que nombran, comentan y piensan, a su modo, el amor, el desierto, la bipolaridad del yo, la ciudad reinventada en el desierto, la rebeldía en la cotidianidad y en el lenguaje, el desconcierto y la incertidumbre, el polvo y la memoria.
En este conjunto de poesía, quien escribe (para no decir poeta o poetisa)
“se busca
a sí mismo
huyéndose
Se persigue
se acorrala contra sí
se abandona
Cuando por casualidad
se encuentra
está ya
bastante lejos
de sí mismo”
El poeta se sabe poeta salvo por el lenguaje, su medio necesario para ser, su arma mortal para quebrar el silencio y el bullicio de una ciudad aparentemente tranquila. El poeta escribe a las cosas y a los casos, pero al término del poema se da cuenta que se ha escrito a sí mismo. El poeta mexicalense no es diferente de otros poetas, sólo vive en un lugar diferente y en un tiempo distinto. La urbanidad en medio del desierto, la frontera cada vez más agresiva, el intercambio cultural gringo-mexicano, la metamorfosis climática y todos esos factores que componen el Mexicali actual, hacen la vida de cuadritos a los escritores mexicalenses. Y tienen que estar en constante movimiento para no hundirse en sus estilos. Todos ellos constituyen una contradicción necesaria para mantener viva la ciudad.
En el trabajo de Karla podemos leer textos de escritores que actualmente ya tienen varios libros publicados, de escritores que se equivocaron de carrera profesional o lo hicieron a propósito para camuflajearse de sí mismos, de escritores que ahora son políticos (espero que no escriban mentiras), de escritores que ya murieron pero que nos dejaron su forma de ver el mundo desde esta “Ciudad-estufa”, y sobre todo lo que más me llama la atención es que de los 18 poetas que se presentan en este trabajo, once de ellos son mujeres, lo que me agrada mucho, porque eso significa que esta ciudad no sólo acepta a los gringos sino también a las mujeres que tienen algo qué escribir, qué decir. Y es que estas mujeres han comprendido la belleza del lenguaje literario comprendiéndose primero a sí mismas y han hecho una convivencia entre la forma que ven las cosas y la forma en que las escriben para el mundo.
Karla Mora Corrales se siente orgullosa de presentarnos este “platillo digno de mención nacional” porque los poetas y poetisas que lo componen “se enorgullecen por haber sido fritos con la misma manteca” a 40 grados de calor.
Pruébenlo.
Miren lo que me encuentro a veces...hace tanto tiempo de esta publicacion y me da gusto que se publique como un antecedente de la imquietud literaria en Mexicali, Baja California...me da un gusto enorme ver esta reseña..Att. Gabriela Ramiro Sanchez... Saludos siempre
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