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Mostrando entradas de julio, 2014

Coloquio en Morelia

Cuando recibí la invitación de ir a Morelia a participar en el Coloquio Programa Nacional Salas de Lectura “La lectura, el uso social y sus entornos” sentí gran emoción porque ya tuve la oportunidad de asistir a una edición anterior del evento en Nayarit y aquella ocasión representó una experiencia inolvidable como lector y promotor de lectura, por lo que en esta ocasión esperaba lo mismo.      Mi esposa, de quien por trabajo me ausento pocas veces en la vida, me dijo que tuviera cuidado porque Michoacán es uno de los estados más violentos del país según los noticieros de televisión y el ejecutómetro del “El Almohadazo”, esto me puso nervioso porque hasta entonces no había reparado en aquella percepción, incluso no vi aquella noche “El Almohadazo” ni los noticieros. Aun así decidí asistir al Coloquio porque siempre me ha gustado conocer las situaciones por mí mismo, y esta no sería la excepción.      El día miércoles 23 de julio tomé un c...

No sólo de comer tiene hambre la gente

Yo tenía seis años cuando llegó el primer maestro a Llano de la Rana, un pueblito encajado en la Montaña del Estado de Guerrero, con unas galletas “Animalitos” me convencieron mis padres para ir a la Escuela por primera vez; pero muy dentro de mí había otra motivación: descifrar el contenido de los libros con olor a madera vieja que mi padre guardaba entre sus cosas de algún lado y de algún tiempo pasado.      No tardé mucho en aprender a leer con el método silábico del profesor David, porque a partir de entonces olvidé los quehaceres cotidianos de mi padre para pasar horas leyendo los libros viejos y los nuevos de la Escuela. Los demás niños se burlaban de mí porque leía cualquier tipo de papel que tenía a mi alcance. Al inicio no comprendía los textos pero con leerlos me imaginaba personajes, objetos, mundos y épocas. Seguido venía el profesor a nuestra casa, por ser la única cercana a la Escuela, a platicar con mi padre y yo aprovechaba para que me explicara...